EL CUENTO DEL CORAZÓN ROTO

 

 

-“Para la pócima necesitaremos polvo de corazón roto”- señaló Ligna, la bruja más anciana de las dos que se encontraban en aquel momento removiendo lo que parecía ser un liquido grumoso y verde, frío y del que cada poco surgían pompas malolientes que se rompían al chocar contra la superficie del aire-

-“¿Si?”, ¿y de donde vamos a sacar un corazón roto?-Es muy difícil, por no decir que casi imposible. Supongo Ligna, que deberíamos resignarnos. No podremos ser jóvenes nunca más- señaló con tristeza Carsoq.

-“¿Resignarnos?. No. Es verdad que no es fácil conseguir un corazón roto. Pero más de difícil, requiere paciencia. Nosotras podremos crear uno- le explicó Ligna a su amiga Carsoq, con una inquietante sonrisa en aquellos finos labios.

   Carsoq tardo algo de tiempo en preguntar como.

-Es muy sencillo-respondió Ligna. Solo tenemos que romper el corazón de uno de los miembros de una pareja enamorada, haciendo creer a uno de ellos que la otra parte no la quiere.

-Así visto- titubeo Carsoq- parece hasta sencillo.

 

    Días después de haber mantenido esta conversación, Ligna llegó muy contenta a la habitación de “los malos pensamientos”, como ellas lo denominaban. Se trataba de una habitación pequeña, oscura, fría y gris.

    Como no podía ser de otra manera, despertó a la perezosa Carsoq.

-¡Lo he encontrado! Una pareja que se profesa amor verdadero. ¡y no muy lejos de aquí!- sonrió Ligna. Pero enseguida esa sonrisa comenzó a tornarse en lamento- Por desgracia debe ser muy común que la gente se quiera, a pesar de la maldad de este mundo. ¡Que repugnancia!

 

Carsoq y Ligna se pudieron rápidamente a trabajar en el encantamiento necesario para engañar a la joven Alime. Tenían que hacerlo deprisa. El tiempo corría en contra de las frías y más que calculadoras brujas que una lejana vez fueron mujeres.

  Días más tarde, Alime se encontró con su amado Canim. Este estaba enojado. Lo más raro que encontró Alime en su novio fueron los ojos, ausentes, llenos de irá.

-¡No te quiero, nunca te he querido!- le espetó Canim a Alime. La muchacha no se podía creer lo que sus oídos, lo que su corazón estaba escuchando. Sus lágrimas no tardaron en aparecer, pero ni siquiera ellas fueron capaces de aplacar las duras palabras del joven.

 

   Días más tarde, las brujas irrumpieron durante la profunda noche en la habitación de Alime. Tras días de dolor, cayó rendida en un débil sueño. Las brujas por medio de un hechizo, lograron extraer el corazón de la joven.

-Carsoq ¿has visto? ¡Que polvo tan fino! En verdad su corazón esta roto. ¡Dimos en la clave para lograr nuestro propósito!.¿y has visto el color, tan rojo? Una chiquilla enamorada si, de su novio; pero también de la vida, de todo aquello que la rodea. La brillantez de este polvo indica que es una buena persona, mientras el calor que desprende a través del frasco en que lo hemos colocado señala que es una luchadora; que seguiría viviendo y tratando de ser feliz a pesar del dolor; se trata de una superviviente.¡Aí Carsoq! Nunca nos hubiera salido mejor la jugada.¡Que suerte! ¡Se trata de un corazón de muy buena calidad!.

 

   En el momento en que las brujas extrajeron el corazón de su amada, Canim despertó del cruel encantamiento. Durante esos días no había alcanzado a comprender su propio comportamiento. Y aunque ahora no alcanzaba a entender lo sucedido, estaba tan triste. Él amaba con todo su corazón a Alime.

 

   Al día siguiente Canim fue a casa de Alime. A su llegada descubrió que estaba ingresada  en un hospital cercano. A la mañana sus padres vieron que no despertaba. Los médicos no sabían decir que le pasaba. ¡Claro! A pesar de que los médicos saben muchas cosas y son muy inteligentes, no suelen estar muy interesados en el mundo de la magia. Cuando Canim alcanzó a ver a Alime en la cama y notar sus manos frías, su alma cayó a los pies y sus lágrimas comenzaron a brotar. En ese instante, un suspiro mágico, procedente de la morada de las brujas, le explicó lo que había ocurrido. Canim lo entendió todo. También entendió que la única forma de salvar a su amada era recuperar su corazón.

 

    Llegó a la morada. A su entrada encontró a un perro, que al ladrar escupía grandes bolas de fuego. Se trataba de Telmia. Su alma se encontraba atrapada en ese ser. Fue él, el que dio la voz de alarma a Canim. Sin embargo el joven no podía atravesar sus bolas de fuego. Lo único que se le ocurrió al joven fue darle algo de comer. Y en efecto. Telmia se transformó en lo que realmente era, un mediano dragón de color verde y morado.

  -¡Gracias Canim! Estas brujas me tenían secuestrado. Su hechizo era no darme de comer, para transformarme en un noble ser, en un perro, pero en un ser que al fin y al cabo no soy. Vuelvo a mi país. ¡Gracias! Velare para que tus sueños sean protegidos y para que la magia a tu alrededor siempre se multiplique.

 

   Instantes después de la emotiva despedida, Canim se encontraba en la habitación de los “malos pensamientos”. Las brujas, en sus descuidados pensamientos de que nadie podría evitar su pócima de la juventud, se quedaron dormidas. Encima de una mesa, cuyas patas estaban retorcidas, se encontraba un frasco, cuyo contenido era de un rojo brillante, que desprendía mucho calor. Canim supo en seguida que era el corazón de su amada. Lo tomo entre sus manos, llorando. Sus labios reprodujeron lo que su alma sentía:

-¡Te quiero!

En ese mismo momento, la mente de Alime supo todo lo que había pasado y lo que estaba sucediendo. Roto el hechizo, el polvo de corazón roto volvió a su lugar, y dejo de ser polvo de corazón roto. A la vez, Canim dejo de ver la habitación de los “malos pensamientos” para estar abrazando a su amada en la habitación verde y blanca del hospital.

  

 

                                                                       “Todo corazón roto es tan fácil de arreglar”


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