EL VERTIGO DEL CAMBIO

 

 

Cada vez que en mi vida se avecina un cambio, sobre todo en el ámbito laboral, es como si la tierra temblase por debajo de mis pies, y que de repente me encontrase al borde de un tortuoso y profundo precipicio. No es miedo al cambio, que en mi caso lo deseo,…es miedo a no saber estar a la altura de las nuevas circunstancias, el temor de enfrentarme a cosas que hasta el momento eran poco menos que inexistentes para mi. Comienzo a maquinar como podré compaginar la nueva situación con el resto de aspectos de mi vida habitual; temo no tener tiempo; los pensamientos van rodando solos, haciéndose una bola gigantesca de nieve, que no sé como tiene cabida en mi cabeza. El vértigo llega y me da miedo caer, y de nuevo no estar a la altura. Fallar en el trabajo, pero sobre todo ante las expectativas que han depositado en mí todos mis seres queridos. La presión social y mi perfeccionismo me llevan al vértigo hacía el cambio, un cambio que a la vez necesito. Por momentos se desea que las decisiones sean tomadas por otros, no por uno mismo. El peso de la responsabilidad de multiplica cuando recae en nuestros hombros a la hora de decidir no sólo sobre nuestro propio futuro, sino más bien acerca de nuestro presente más inmediato. Preguntas como ¿será la decisión correcta?, ¿tendré en el fondo alguna oportunidad? Rondan nuestra mente incluso en los momentos que está debiera descansar.

Después llegan los momentos posteriores al cambio. Momentos en que el hecho de que todo sea nuevo hace que te sientas más perdido, tal como un pez fuera del agua o un pájaro dentro de ella. Terminas la jornada flotando y con temblores en el cuerpo. En realidad mareado por tanta novedad en el fondo asimilada, aunque supercifialmente creamos lo contrario.

¿Por qué esos miedos, ese nerviosismo? ¿o soy yo la que es más insegura que los demás?. ¿o quizás que vivo con más intensidad este tipo de cambios?

 


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